lunes, mayo 05, 2008

s e q u e d a d

Anoche comencé a escribir estas frases (que sin terminar de convencerme, me producen una tranquilidad inusitada) como si alguien me las hubiera dictado palabra por palabra. Tal vez por esa razón las incluyo aquí: porque no me propuse escribirlas, sólo sucedieron; y al publicarlas es una forma de aceptarme a mí mismo, al igual que aceptamos sin prejuicios a las piedras y los árboles.



Sé...

¿qué edad?


¿qué edad era aquella


en la que una sola palabra


podía contener


todo el peso y sentido del mundo?




¿y qué era entonces el mundo

sino un juego interminable


o correr sin rumbo


sólo por la dicha de correr?




Hoy...

los días...


los días a los días son iguales


y no hay sonido que me perturbe


o imagen que me conmueva




sé qué edad era...



s e q u e d a d

es lo único que


proyecta mi sombra


: una turbia y lenta sequedad


(cual arena minuciosa)


: oscuro vacío


: lenta y pasmosa indolencia





sé qué edad era aquella:

la de las sorpresas


sin incautación



de pena sin vergüenza


la del tiempo sin edad

de sola y natural consciencia




Ahora...

intento...


intento volver a ese estado


(que no a la edad)


y aceptarlo todo


(incluso a mí)


como si regresara a mi cuerpo


luego de un arduo y doloroso exilio




Mientras aprendo...

necesito que tú


que haces tuyas estas palabras


(las escribes al enunciarlas


: les das tono y medida)


me prestes tu voz


para recibir sin temor al asombro


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