viernes, abril 29, 2005

el por qué de tanta y tamaña brisa de Tierra

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Brisa de lluvia

Hoy el viento se unge de lluvia:
se humedece las arenas
de un canto áureo sin garganta;
se reinventa en otro nombre,

baila, entre aliento de mar,
juega, a que se roba el tiempo...
Las calles ya son espejos
en cuyas orillas flotan

y naufragan (sin reflejos)
las historias no contadas
de otras eras, de otro tiempo...
Todo va de vuelta al mar,

todo, menos aquél nombre
que me funde la garganta:
la clausura con arenas
que no lavan ni esta lluvia.

jueves, abril 28, 2005

para saber quién era la...

brisa de invierno


Mira el sol que en tu frente resplandece;
las hierbas, los arbustos y las flores...
vida ritual que muere y reverdece
al compás de lloviznas y rumores.

Percibe al día en su esplendor radiante;
la brisa diurna arrulla nuestro paso
(más solo y breve que ningún instante);
y a tu sombra prolongando el ocaso

Brisa de invierno: tu palabra es de hielo
seco... ( y sobre la tierra ya se orquesta
tu inevitable boda con el cielo)

...de ti en este mundo ya poco resta;
nadie te reconoce o quiere ver,
salvo el criar del grillo al anochecer.

vuelve la brisa de invierno

De un tiempo a esta parte me desconozco los límites;
"yo, soy un otro"; y así, con palabras ajenas, la triste limosna de las horas y los siglos, voy pergeñando ideas difusas, cual si fueran mensajes de náufrago;
aunque se tenga bien claro a quién va dirigido cualquier mensaje, casi toda palabra escrita termina por convertirse en botella arrojada al mar; para colmo: a un mar inundado de botellas con mensajes;
mientras tanto, me sostengo de palabras que ya usaron otros y es probable que el único lenguaje propio, íntimo, repose en la quietud del aliento, cuando la respiración no lleva ni trae aire alguno..., cuando el día no es noche ni tampoco madrugada: el instante en que no es nada salvo un silencio absoluto;
y tal vez sea eso lo que ahora, en esta hora de angustia y de luz vaga (a decir del ciego poeta), me cuesta, no encontrarle peso y medida, sino remota aproximación callada por medio de las palabras: a esta tranquila (no por ello menos inquietante) mudez;
vayan pues estas "no-palabras", estos versos silenciosos, aduncos y maltrechos, que enmudecen para hablar de lo impronunciable


Hoy el viento muda de piel.
Imposible llamar "día"
a lo que ya no ilumina
ni abriga cual llama fiel.

No es noche cuanto termina
y se viste -todavía-
con ropas de madrugada.
Implacable, sin premura

nos aguarda otra jornada
(aun sin color ni textura
definida). En el eterno
esperar de otra mañana

viene el silencio a urgirme
que censure mi pavana;
mas no aprendo a despedirme
de aquella brisa de invierno.

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