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Tampoco a mí.
Hay temas que no le gustan a nadie.
Po I–po
Entre tantos oficios ejerzo éste que no es mío.
Juan Gelman
.....llegó el cuarto mes de no pagar las cuentas y, sin aviso previo, se presentaron un par de abogados para liquidar los adeudos por medios judiciales; “esta es la gota que derramó el vaso”, dijo su casera, al tiempo que le prohibía regresar hasta que solucionara ese problema; desperdició sus últimas monedas en llamadas telefónicas que no sirvieron de mucho: intentó localizar (en vano) a quienes le debían préstamos desde largo andar; sólo encontró a un viejo amigo y, cuando estaba presto a reclamarle su dinero a como diera lugar, la hija de éste le comunicó que mejor le llamara mañana, porque venía llegando del hospital donde le confirmaron el diagnóstico de cáncer; quedó impávido; por obvias razones, no se atrevió a llamarle de nuevo; en medio de su miseria, recordó encontrarse en la misma situación de hacía exactamente diez años: solo, sin nadie a quién acudir y sin un lugar dónde refugiarse; decidió hacer lo mismo que en aquél entonces: ir a la biblioteca; por fortuna era temprano (antes del atardecer) y se encontraba relativamente cerca;
.....tranquilo, sin el menor asomo de angustia o desesperación, consulta los ficheros; al no encontrar lo que busca, acude al módulo de información (saturado de estudiantes en grupo que ensayaban con temor sus preguntas); espera su turno con serena paciencia; le dicen en qué sala encontrar a ese autor irlandés; agradece la información con gentil propiedad; se encamina con mesura al lugar indicado, con la misma resignación del que acepta sin estremecimiento su condena; llegó a la sala tres
.....deposita sus cosas (un libro y la oscura mochila) sobre una mesa vacía; busca el número del libro en cuestión y ahí, entre los anaqueles, lo deslumbra el porte de una muchacha; sin embargo, este asombro se distingue de los cotidianos por varias peculiaridades: no fue la muchacha en sí (ni el equilibrio de su figura) lo que origina su estupor, sino la actitud con que escudriñaba los libros; tal vez ayudó el hecho de que portara un largo y elegante vestido negro (de los que sólo se aprecian en bailes o ceremonias solemnes), eso, y unos largos tacones de aguja, no muy recurrentes en una biblioteca pública; pero en el fondo estos detalles sólo fueron el “gancho” (por llamarle de algún modo), para centrar su atención en esa mujer de largo cabello negro y densa mirada (como abismo de la mar)
.....encuentra, finalmente, el libro por el que había preguntado y, de paso, otros relacionados con el tema a los que les trae ganas desde hace rato; vuelve a la mesa donde lo esperan sus cosas; se acomoda dispuesto a concentrarse en sus hallazgos y, por más que intenta, no logra ahondar en el significado de esos garabatos; aunque se ha sentado del lado contrario a la muchacha, sin necesidad de verla, no puede sacársela del pensamiento; extiende un par de hojas blancas (las últimas que le restan), y comienza a escribir con desaforada pasión, como si deseara arrancarse a cada trazo todas sus frustraciones y quebrantos;
.....termina, o mejor dicho, abandona su labor con un suspiro de franco alivio (y a la vez de triste insatisfacción) justo al tiempo que la muchacha se retira de la sala; él se levanta y le entrega el papel sin decir la menor palabra; ella lo recibe, al principio, con sorpresa y desconfianza; él se da la vuelta y regresa a su asiento; ahora sí puede iniciar su lectura sin sobresaltos; ella se retira lentamente mientras descifra aquellos signos dispersos sin remitente ni autoría
.....¿que cómo sé todo esto?; ah, pues porque llevo bastante rato acompañándole, claro, sin que él se dé cuenta; pero siempre estoy ahí, para acariciarle el desamparo y rezar por sus lágrimas, que procura sepultar siempre en lo más profundo de su orgullo; pero ya habrá tiempo para contar eso;
.....él permaneció allí hasta la hora del cierre; ningún intento hizo por seguir, así fuera con la mirada, a la muchacha; de ser esa su intención, hubiera incluido algún dato de contacto (ahora se estila el correo electrónico, como en otros tiempos lo era el número de teléfono); ignoro si la chica terminó de leer el documento, significó algo para ella o suscitó alguna reacción; si él no pretendió nada más allá del encuentro fortuito, ¿por qué habría yo de hacer lo contrario?; soy su acompañante, no un espía; muchas cosas que hace o dice, a pesar del tiempo que llevo a su lado, me son todavía incomprensibles, y cada vez me convenzo más de que es ocioso indagarles explicación alguna; de ser posible, podríamos inventar ciertos motivos, mas no ahora...; yo también me he contagiado de inquietudes espontáneas y, aprovechando que se ha quedado dormido en la banca del parque (la biblioteca ha cerrado sus puertas y amenaza lluvia), me gustaría compartir lo escrito a esa muchacha y que él lanzó, cual si fuera una botella, al océano de las incertidumbres:
Fue en la biblioteca
.....................................Lo juro
ahí estaba
.....................a un costado del silencio…
se trata de un sitio
.........................................aturdido por jóvenes inquietos
.........................................personas mayores que agotan
(con lentitud pasmosa)
.........................................volumen tras volumen
o ermitaños como uno
........................................que acuden a la voz de los ausentes
vestida de noche
...............................mientras escrutaba títulos
con infinita mesura
.........................................palpándoles con la vista
.....................................................sus vencidos y gastados lomos
paseando quieta entre libros
cual si fueran parejas para un baile
mas no era eso
..................................cuanto la distinguía
de los otros lectores
...........................................no
era... ................más bien...
..........bueno... .....................es decir...
........................................................usted me entiende...
....................................(al igual que los recuerdos
................nunca llegan cuando más se necesitan
...................................sino cuando les da la gana)
es que su presencia surge
...............................................de la quietud impresa
.......................................con el mismo garbo del sol
.....................................cuando anuncia el mediodía
..............................y la paciencia de brisa terrestre
que desmorona toda montaña
.............................................(y al desencanto)
quería agradecerle eso
........................y en mi vago intento
.........................................por describir lo inasible
no deja de inquietarme
..........................................su delicado paso
y que ahora ..............justo ahora
.................................................usted le dé vida
—no importa cuán efímera—
...................................................a estos balbuceos
sólo le ofrezca áridas tentativas)
...........................................................perdone
—de nuevo—
........................si le molesto con algo tan simple
............................(y tal vez incluso innecesario)
pero .........................de vez en vez
..............hace falta
desperezar al asombro
.............................; por eso
..........................................cuando me pregunten
....................dónde
................y
cuándo
.............me sacudí el desconsuelo
........................................sólo atinaré a responder
“Fue en la biblioteca
..................................................Lo juro
...a un costado del silencio”.


9 Comments:
Maravillosas bibliotecas...
me parece que ella vestida de negro en la biblioteca debio de haber encontrado un refugio para alguno tristeza... no hay otra explicacion, seguro no quisieron darle un beso, o brindarle una caricia... en ese caso los libros le deben de haber provocado un poco de consuelo...
si lo dicho ya...
benditas bibliotecas...
vuelo...
Muchas gracias por tu comentario, me ha llegado a lo más hondo, tan sincero. Me alegró el día, porqué no decirlo. Y un placer leer tu blog. Decirte que no fue casualidad un buen post, veo que es la media. Te leeré muy a menudo. Un placer y gracias.
Es como Tiffany. Exactamente como Tiffany: Cuando llega la tristeza, el miedo o la sutil frustración no hay nada mejor que tomar un taxi e ir a refugiarse en tu propio Tiffany... ese lugar tan brillante y seguro en el que nada malo podría ocurrir. Entras y entonces te sientes mejor, por un momento puedes olvidar los demonios que te esperan allá fuera....
Mi Tiffany siempre ha sido el cine. ¿Cual es el tuyo?
Bibliotecas, parques, cines, últimamente estoy cómodo con mi interior, no encuentro mujeres de negro, pero mi yo no esta solo.
Pues sí, hemíptero quevediano, así son las sorpresas.
¡Hola! debo confesar que me confudí con tu narración, no atinaba (por momentos) a descifrar quién era el que dirigia las letras... Lo escrito al final... me recordó (no sé por qué)a las "perras negras" que menciona Cortázar en Rayuela...Me parece ,cuando te leo, que entro en un vértigo, barroco, abismal.. me gusta, me gusta mucho!
Saludos!
Hemíptero, estoy intrigada...
Un abrazo piojil mi querido Carlos A Secas...
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